El oficio antes que la vitrina
Este sitio no busca impresionar con efectos ni con una galería interminable. Cada serie se publica con su boceto previo, la paleta usada y una nota breve sobre el brief original, porque el trabajo de un ilustrador editorial se entiende mejor viendo el proceso que solo el resultado final. Si una pieza se rehízo tres veces, aquí queda registrado.
Efecto para el cliente: sabe exactamente qué esperar antes de encargar.
Un lenguaje gráfico propio
Trabajo con tinta azul y rojo óxido sobre papel hueso, retículas amplias y tipografía serifada fina. Esa combinación no es capricho: viene de la ilustración de prensa y de los suplementos culturales donde empecé, y se sostiene porque funciona igual en una portada de libro juvenil que en una ficha de personaje para animación independiente. La consistencia visual es lo que permite que un cliente reconozca el trabajo sin ver la firma.
Efecto para el cliente: identidad reconocible en cualquier soporte.
Trazabilidad del encargo
Cada proyecto documenta el brief, el cliente, las restricciones técnicas (formato de impresión, espacio para titulares, cantidad de rotaciones) y las decisiones de composición. No es un archivo decorativo: es material que sirve cuando un editor necesita justificar ante su equipo por qué la portada quedó así. Los tiempos de entrega y los rangos de tarifa también se publican con claridad, sin letra chica.
Efecto para el cliente: menos idas y vueltas, decisiones más rápidas.
Colaboración sin fricción
Trabajo con editoriales pequeñas, revistas culturales, estudios de animación y proyectos musicales en Perú, Chile y el resto de Latinoamérica. La mayoría de los encargos empiezan con un correo y un par de referencias, no con un brief cerrado. Por eso el sitio incluye un formulario directo y una sección de encargos abiertos: para que la conversación empiece con información concreta sobre el alcance, el formato y la fecha en que se necesita la pieza.
Efecto para el cliente: puede cotizar sin intermediarios ni reuniones previas.