Cada proyecto empieza con una conversación corta y un brief escrito: formato, uso final, plazos y referencias. A partir de ahí envío un boceto de composición y una propuesta de paleta antes de pasar a tinta digital. Los ajustes se concentran en esa etapa para no rehacer trabajo terminado. Trabajo con clientes en Lima, Santiago y otras ciudades de la región, así que coordino revisiones por correo con fechas claras y dejo registro de cada decisión en una nota breve que acompaña la entrega final.
Antes de empezar cualquier serie conviene aclarar el terreno. Estas son las condiciones que aplico siempre, sin excepciones, para que el trabajo avance sin sorpresas ni idas y vueltas innecesarias.
Cada pieza contempla dos rondas de ajustes: una sobre el boceto a lápiz y otra sobre el color final. Cambios de composición después de aprobada la línea de color se cotizan aparte, porque implican rehacer capas y volver a exportar los archivos de imprenta.
El envío final incluye el archivo de trabajo en capas, una versión en alta resolución para impresión y una reducción optimizada para pantalla. No entrego el boceto descartado ni las variantes que quedaron en el camino salvo que se acuerde lo contrario al inicio del proyecto.
La cesión cubre el medio y el territorio pactados: una revista, una colección, una campaña concreta. Reutilizar la imagen en otro soporte o venderla como parte de un catálogo propio requiere una conversación previa. El crédito de autoría se mantiene siempre visible.
Los tiempos corren desde la aprobación del brief escrito, no desde el primer correo. Si el texto, las medidas o las referencias llegan tarde, la fecha de entrega se corre en la misma proporción. Aviso con antelación cuando un encargo coincide con otro ya comprometido.
No acepto trabajos con plazos de veinticuatro horas ni encargos donde el cliente pide imitar el estilo de otro ilustrador vivo. Tampoco participo en concursos especulativos donde varias personas dibujan gratis la misma pieza para quedarse con una sola.
Todo encargo arranca con un anticipo acordado por escrito y se cierra con el pago del saldo antes de liberar los archivos finales. Las colaboraciones de temporada, en cambio, se organizan por etapas con entregas parciales revisadas en cada corte.
La mayoría de los proyectos de ilustración editorial y diseño de personajes siguen una secuencia parecida, aunque los tiempos cambian según el medio. Un encargo para prensa semanal se resuelve en pocos días; una serie de portadas o un estudio de personajes para animación puede extenderse varias semanas. Abajo queda el orden habitual de las etapas, con lo que se entrega en cada una y qué necesito de tu lado para no frenar el trabajo.
Todo empieza con una conversación breve por correo o llamada. Necesito saber el medio final, el formato, si hay titulares que deban convivir con la imagen y el tono que buscas. Si es un personaje, pido referencias de movimiento y contexto de uso. Con eso armo una nota de encargo que te devuelvo para confirmar que entendí lo mismo que tú.
Antes de pintar, entrego dos o tres bocetos a lápiz con encuadres distintos. Aquí se decide dónde va la figura, cuánto aire deja el fondo y cómo se reparte el peso visual. Es la etapa donde conviene mover piezas: cambiar un boceto cuesta poco, rehacer una ilustración terminada cuesta mucho más.
Defino una paleta corta por proyecto, casi siempre tinta azul y rojo óxido sobre papel hueso, y la pruebo en pequeño para ver cómo resiste la reducción. En prensa reviso saturación y contraste; en pantalla, cómo se comporta en miniatura. Te envío la prueba con una nota de por qué elegí esos tonos.
Con el boceto y la paleta aprobados, avanzo a la pieza terminada. Incluyo una ronda de ajustes menores sobre la versión final: correcciones de detalle, encuadre o intensidad de color. Cambios de concepto a esta altura implican reabrir el proceso, y eso se conversa antes de empezar.
Entrego el archivo en el formato que pida el medio, más una versión de respaldo y, si aplica, la ficha de personaje con expresiones y rotaciones. Cada pieza va acompañada de una nota corta sobre el brief, el cliente y las decisiones de composición, útil si más adelante quieres mostrarla en catálogo o portafolio.
Para proyectos musicales, editoriales pequeñas o series que se extienden en el año, trabajo con un calendario acordado desde el inicio. Reservo bloques de tiempo y confirmo fechas antes de arrancar. Si necesitas coordinar con dirección de arte o con un equipo de animación, conviene sumarlos a la conversación desde el brief.